Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo – Audre Lorde

Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo (1979)*

Audre Lorde (1934-1992)

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Audre Lorde en 1979 como oradora en la primera Marcha Nacional por la Liberacicón Gay y Lésbica en Washington, D.C., EEUU. Imagen del documental (2002) de Jennifer Abod sobre Lorde.

Acepté participar en este congreso organizado por el Instituto de Humanidades de la Universidad de Nueva York hace un año. Convinimos en que mi función sería comentar las ponencias que trataran sobre el papel de las diferencias en la vida de las mujeres estadounidenses: las diferencias de raza, de sexualidad, de clase y de edad. Cualquier debate feminista sobre cuestiones personales o políticas queda desvirtuado si no tiene en cuenta estas cuestiones.

En el ámbito académico se tiene la peculiar arrogancia de emprender debates sobre teoría feminista sin entrar a analizar nuestras numerosas diferencias y sin conceder espacio a las significativas aportaciones de las mujeres pobres, Negras, del tercer mundo y lesbianas. A pesar de todo, se me ha invitado a participar, en mi condición de feminista Negra y lesbiana, para comentar las ponencias de la única sesión de este congreso donde están representadas las feministas Negras y lesbianas. Es triste lo que esto nos dice sobre la visión del presente congreso, celebrado en un país donde el racismo, el sexismo y la homofobia son inseparables. Al leer el programa del congreso no cabe sino deducir que las mujeres lesbianas y Negras no tienen nada que decir sobre el existencialismo, sobre el erotismo, sobre la cultura de las mujeres y el silencio, sobre el estado actual de la teoría feminista o sobre la heterosexualidad y el poder. ¿Y qué significa en el aspecto personal y político que las dos únicas mujeres Negras que hemos tenido voz en el Congreso hayamos sido convocadas a última hora? ¿Qué significa que las herramientas del patriarcado racista se empleen para examinar los frutos de dicho patriarcado? Significa que la amplitud del cambio posible y permitido es escasísima.

La exclusión de toda consideración sobre la conciencia lesbiana y la conciencia de las mujeres del Tercer Mundo representa una grave carencia de este congreso y de las ponencias aquí presentadas. Así, por ejemplo, en una ponencia sobre las relaciones materiales entre las mujeres se ha expuesto un modelo dicotómico de educación que no tenía en cuenta en absoluto mis conocimientos en cuanto lesbiana Negra. En dicha ponencia no se analizaba la reciprocidad entre las mujeres, ni los sistemas de apoyo mutuo, ni la interdependencia que existe entre las lesbianas y entre las mujeres identificadas con mujeres. Y, sin embargo, sólo es en el ámbito del modelo patriarcal de educación donde sucede que las mujeres “que tratan de emanciparse pagan un precio tal vez demasiado alto por los resultados que obtienen”, como se afirma en la mencionada ponencia.

Para las mujeres la necesidad y el deseo de apoyarse mutuamente no son patológicos sino redentores, y hay que partir de este conocimiento para redescubrir nuestro auténtico poder. Esta conexión real es la que despierta miedos en el mundo patriarcal. Pues la maternidad es la única fuente de poder social a disposición de las mujeres en el marco de la estructura patriarcal.

La interdependencia entre las mujeres es el camino hacia la libertad que permite que el Yo sea, no para ser utilizado, sino para ser creativo. Ésta es la diferencia entre un estar pasivo y un ser activo.

Promover la mera tolerancia de las diferencias entre las mujeres es incurrir en el más burdo de los reformismos. Supone negar por completo la función creativa que las diferencias desempeñan en nuestras vidas. Las diferencias no deben contemplarse con simple tolerancia; por el contrario, deben verse como la reserva de polaridades necesarias para que salte la chispa de nuestra creatividad mediante un proceso dialéctico. Sólo así deja de resultar amenazadora la necesidad de la interdependencia. Sólo en el marco de la interdependencia de diversas fuerzas, reconocidas en un plano de igualdad, pueden generarse el poder de buscar nuevas formas de ser en el mundo y el valor y el apoyo necesarios para actuar en un territorio todavía por conquistar.

Es en la interdependencia de las diferencias recíprocas (no dominantes) donde reside la seguridad que nos permite descender al caos del conocimiento y regresar de él con visiones auténticas de nuestro futuro, así como con el poder concomitante para efectuar los cambios que harán realidad ese futuro. Las diferencias son la potente materia prima a partir de la cual forjamos nuestro poder personal.

A las mujeres se nos ha enseñado a hacer caso omiso de nuestras diferencias, o a verlas como motivo de segregación y desconfianza en lugar de como potencialidades para el cambio. Sin una comunidad es imposible liberarse, como mucho se podrá establecer un armisticio frágil y temporal entre la persona y su opresión. Mas la construcción de una comunidad no pasa por la supresión de nuestras diferencias, ni tampoco por el patético simulacro de que no existen tales diferencias.

Quienes nos mantenemos firmes fuera del círculo de lo que esta sociedad define como mujeres aceptables; quienes nos hemos forjado en el crisol de las diferencias, o, lo que es lo mismo, quienes somos pobres, quienes somos lesbianas, quienes somos Negras, quienes somos viejas, sabemos que la supervivencia no es una asignatura académica. La supervivencia es aprender a mantenerse firme en la soledad, contra la impopularidad y quizá los insultos, y aprender a hacer causa común con otras que también están fuera del sistema y, entre todas, definir y luchar por un mundo en el que todas podamos florecer. La supervivencia es aprender a asimilar nuestras diferencias y a convertirlas en potencialidades. Porque las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo. Quizá nos permitan obtener una victoria pasajera siguiendo sus reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio. Y esto sólo resulta amenazador para aquellas mujeres que siguen considerando que la casa del amo es su única fuente de apoyo.

Las mujeres pobres y las mujeres de Color saben que hay una diferencia entre las manifestaciones cotidianas de la esclavitud marital y la prostitución, porque son sus hijas las que pueblan las aceras de la Calle 42. Si la teoría feminista estadounidense no necesita explicar las diferencias que hay entre nosotras, ni de las resultantes diferencias en nuestra opresión, entonces ¿cómo explicas el hecho de que las mujeres que os limpian la casa y cuidan a vuestros hijos mientras vosotras asistís a congresos sobre teoría feminista sean, en su mayoría, mujeres pobres y mujeres de Color? ¿Qué teoría respalda el feminismo racista?

En un mundo de posibilidades para todas, nuestras visiones personales contribuyen a poner los cimientos de la acción política. Al no reconocer las diferencias como una fuerza fundamental, las feministas académicas no consiguen superar la primera lección patriarcal. En nuestro mundo, divide y vencerás debe convertirse en definamos y cobremos fuerza.

¿Por qué no se ha buscado a otras mujeres de Color para que participaran en este congreso? ¿Por qué se ha considerado que se habían hecho suficientes consultas después de llamarme un par de veces por teléfono?

¿Soy acaso la única fuente posible de nombres de feministas Negras? Es cierto que las ponencias de las dos participantes Negras han generado una poderosa unión amorosa entre las mujeres, pero ¿dónde queda la cooperación interracial entre feministas que no se aman entre sí?

En los círculos feministas académicos, la respuesta que suele darse a estas preguntas es: “No sabíamos a quién recurrir”. Esa elusión de responsabilidades, ese lavarse las manos, es asimismo el motivo de que se excluya el arte de las mujeres Negras de las exposiciones de mujeres, la obra de las mujeres Negras de la mayoría de las publicaciones feministas, excepción hecha del ocasional “Número especial sobre las mujeres del Tercer Mundo” y los textos de mujeres Negras de las bibliografías. Tal como señaló Adrienne Rich en una charla reciente, si las feministas han mejorado tanto su educación en los últimos diez años, ¿cómo es posible que no hayáis mejorado asimismo vuestros conocimientos sobre las mujeres Negras y sobre las diferencias entre nosotras, blancas y Negras, cuando son un factor clave para la supervivencia de nuestro movimiento?

A las mujeres de hoy día todavía se nos pide que nos esforcemos en salvar el abismo de la ignorancia masculina y eduquemos a los hombres para que aprendan a reconocer nuestra existencia y nuestras necesidades. Todos los opresores se han valido siempre de esta arma básica: mantener ocupados a los oprimidos con las preocupaciones del amo. Ahora se nos dice que corresponde a las mujeres de Color educar a las mujeres blancas, afrontando su tremenda resistencia, y enseñarles a reconocer nuestra existencia, nuestras diferencias y nuestros respectivos papeles en la lucha conjunta por la supervivencia. Lo cual es una manera de desviar nuestras energías y una lamentable repetición del pensamiento racista patriarcal.

Simone de Beauvoir dijo en una ocasión: “Debernos extraer la fuerza para vivir y las razones para actuar del conocimiento de nuestras auténticas condiciones de vida”.

El racismo y la homofobia son condiciones reales de nuestra vida aquí y ahora. Insto a cada una de las mujeres aquí presentes a que se sumerja en ese lugar profundo de conocimiento que lleva dentro y palpe el terror y el odio a la diferencia que allí habitan. Ya que vea el rostro que tienen. Es la condición para que lo personal y lo político puedan comenzar a iluminar nuestras decisiones. ♀

Nota 

* Comentarios presentados en el “Encuentro personal y político” del Congreso del Segundo Sexo, Nueva York, 29 de septiembre de 1979. ♀

Referencia 

El texto y la nota proceden de: Audre LORDE, “Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo” (1979/1984/2003), en Audre Lorde, La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias, traducción de María Corniero, revisión de Alba V. Lasheras y Miren Elordui Cadiz, Ed. Horas y horas, Madrid, 2003, pp. 115-120. (Texto original: “The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House”, en Audre Lorde, Sister Outsider: Essays and Speeches, 1984) ♀

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